Hoy hemos vuelto a discutir. Esto se está volviendo en algo rutinario. Como un ejercicio que debemos cumplir cada día.

Entre tantos dimes y diretes, quitar el polvo a sucesos de hace siglos que, en este tipo de momentos, vuelven a salir a la luz, como puñales ardientes que lanzas para ver el alcance al que llegas e intentar ser siempre el que dañe más al otro y quedar por encima, ya no sé como comenzó la pelea.
Me duele la cabeza. Anoche me fui a la cama cabreada. No he podido pegar ojo, pensando una y otra vez en una solución.
Esto tiene que acabar. No podemos seguir así, discutiendo un día tras otro. Tenemos que parar.
Esto tiene que acabar. No podemos seguir así, discutiendo un día tras otro. Tenemos que parar.
Mientras desayuno, sigo dándole vueltas al tema. No se me ocurre nada.
Me pongo a recoger la casa sin ganas. Incluso cuando vuelvo de la compra, parece que voy como sonámbula. Soy como una marioneta a la que el tiempo y el destino van moviendo. Alguien maneja mis hilos, yo ya perdí el rumbo hace tiempo.
Ya en casa, enciendo el ordenador.
Miro el correo sin ganas, pasando de un email a otro sin prestar atención, hasta que mi vista se queda fija en uno de ellos.
Miro el correo sin ganas, pasando de un email a otro sin prestar atención, hasta que mi vista se queda fija en uno de ellos.
"Esperamos que podáis asistir. Tenéis que confirmarnos el día que os viene bien para ponernos todos de acuerdo"
—Otra reunión más. Quizás esto nos distraiga un poco. Hace semanas que no salimos. Mi cuerpo se empieza a entumecer.
Mi cabeza vuelve a la noche de ayer. Empiezo a recordar, eso mismo fue lo que nos hizo pelear.
Él es casero, no le gusta salir pero, a mí me gusta la fiesta, soy más joven y aún necesito vivir. Las quedadas con amigos, las visitas a los familiares, las salidas de los fines de semana... ese fue el motivo. El trasiego de amigos y familiares es lo que le molesta. No está acostumbrado y no le gusta.
—Esperaré a contestar. Hablaré con él antes de confirmar nada.
Abro el programa de contabilidad. Trabajo desde casa y aunque esta semana, una de las empresas más importantes que llevo, se encuentra de vacaciones, quiero adelantar papeleo, el resto puede esperar.
Necesito contactar con la secretaria, me falta un dato de una factura, así que como tengo su skype personal, intento probar suerte por si está conectada.
La pantalla de inicio aparece en mi ordenador. Reviso el listado de contactos.
Mala suerte, hoy no está.
—Hola. ¿Trabajando?
—O haciendo como que trabajo, y tu ¿qué haces aquí a estas horas?
—Me han despedido.
—¡No fastidies! ¿Cuándo?
—¡No fastidies! ¿Cuándo?
—Ayer. ¿Miguel no te ha contado nada? Estuve hablando con él para que me recomendara a alguien de su bufete.
—Hace mucho que Miguel y yo no hablamos nada.
—¿Otra vez habéis vuelto a discutir?
—¿Y cuándo no?
Álvaro estaba al tanto de todo. Para algo era mi mejor amigo.
—Tranquila Cristina. Todos tenemos malas rachas. Ya sabes que hace tiempo yo también pasé por eso con Lucía.
—Será la crisis esa de los no sé cuantos años.
—Ya verás como todo se soluciona. Cambiando de tema ¿Has visto mi correo?
— Lo acabo de ver.
—¿Y?
—¿Y?
—Y nada. Lo tendré que consultar, ya sabes que si por mi fuera, te confirmaba ahora con los ojos cerrados pero...
—Bueno, habladlo y me decís algo.
La conversación de momento se quedó ahí. Yo seguí con mi trabajo y Álvaro con lo que se supusiera que estuviera haciendo pero, pasado un rato, cuando ya estaba aburrida de tanto impuesto y declaración, una nueva ventana emergió.

—Dirás que yo lo estoy siempre. Trabajo con esto, ¿recuerdas?
—Es cierto. Como estaba acostumbrado a hablar contigo desde el trabajo, hoy se me hace raro estar en casa hablando a través de esto.
—Empieza a enviar curriculums.
—No puedo. Seguramente tengamos que ir a juicio, así que, de momento, tengo las manos atadas.
—¿Y para cuándo?
—No lo sé. Todo el papeleo lo va a llevar la oficina de tu marido. Cuando ellos me digan supongo.
—Entonces no será mucho.
Continuamos hablando de contratos, convenios, problemas y demás, hasta que Álvaro empezó con sus típicos juegos.
—Oye en esa foto que has puesto, estás para comerte enterita.
—¿Qué foto?
—La del perfil de Facebook.
—No digas tonterías. Si es la de las vacaciones que pasamos los cuatro juntos en Tenerife. No será que no me has visto en bañador miles de veces.
—Ya pero en esa, no sé si será el atardecer o qué pero, estás más guapa que de costumbre. Vamos para darte un repaso completo.
—Como un día Miguel lea tus conversaciones conmigo, se va a mosquear.
Entre Álvaro y yo, nunca había habido nada más allá de la amistad. Nos conocíamos desde que eramos niños. Habíamos salido siempre juntos en la misma pandilla pero, era sólo eso, amistad. No había habido nunca atracción física pero, de un tiempo a esta parte, Álvaro estaba muy juguetón y picante en sus conversaciones.
—Que se mosquee. Tiene dos cosas que hacer, desenfadarse y volverse a enfadar.
—Menos mal que me lo tomo a broma, como un juego y que te conozco, si no diría que quieres ligar conmigo.
—¿Y si fuera así?
Ahí me pilló descolocada. No podía ser que estuviera diciendo aquello en serio.
—¡Anda ya! Con la pedazo de mujer que tienes al lado. Deja de decir tonterías.
—No son tonterías, Cristina. Hace tiempo que Lucía y yo no estamos igual.
—¿Cómo que no estáis igual?
—Está tan sumergida en su trabajo que no piensa en otra cosa. Hace meses que no hacemos el amor y uno tiene sus necesidades.
—Hablalo con ella.
La cosa se estaba poniendo seria. Lucía no me había comentado nada y ambas, aunque no eramos amigas intimas, si habíamos hablado alguna vez de nuestra relación, aunque estaba claro que con quien hablaba más de estas cosas era con Álvaro que con ella, había más confianza.
La cosa se estaba poniendo seria. Lucía no me había comentado nada y ambas, aunque no eramos amigas intimas, si habíamos hablado alguna vez de nuestra relación, aunque estaba claro que con quien hablaba más de estas cosas era con Álvaro que con ella, había más confianza.
—Ya lo he intentado pero, siempre acabamos cabreados.
—¿Y qué te dice?
—Que estoy obsesionado. Que siempre estoy pensando en lo mismo. Sexo, sexo y más sexo pero, llevamos más de tres meses sin hacerlo y hablando en plata..., mis huevos están apunto de explotar.
Me reí yo sola por la forma en que lo había dicho. Yo pensaba que aquello del dolor de testículos era un mito pero, resulta que ahora iba a ser verdad.
Me reí yo sola por la forma en que lo había dicho. Yo pensaba que aquello del dolor de testículos era un mito pero, resulta que ahora iba a ser verdad.
Metidos en faena, me atreví a preguntar más.
—No te alivias tu sólo.
—¿Que si me masturbo?
—¡Qué fino eres cuando quieres!
—Cristina, estamos en confianza. No somos niños. Llamemosle a las cosas por su nombre. Sí, claro, lo hago como cualquiera, ¿acaso tu no te haces algún dedito cuando Miguel está de viaje?
Mi pudor salía a la luz. No solía hablar de estas cosas, mejor dicho de sexo no hablaba con nadie, salvo con Miguel y ahora era mi mejor amigo, con el que nunca había tocado estos temas tan personales, quien me preguntaba sobre ello.
—Responde, que no eres una mojigata.
—Sí.
—¿Tan difícil era?
—Sí.
—¿Tan difícil era?
—No... pero... no sé... es que.
—Bueno, bueno, bueno... Si ahora resulta que la leona es una simple gatita.
—De eso nada.
—Eso habría que comprobarlo.
Seguía con su actitud picarona. Intenté dar un giro a la conversación.
—Repito que deberías hablar con Lucía.
—Ya lo he hecho suficientes veces. No voy a hablarlo más. Esta es su última oportunidad, si no cambia, me buscaré una amante o incluso, estoy dispuesto a separarme. Para mí el sexo es muy importante y si no lo tengo con ella, lo buscaré fuera.
—No digas tonterías. Piensa un poco las cosas.
—Está pensado Cristina. Muy meditado. Le daré un tiempo más y si no me separo.
—¿Cuánto tiempo?
—Dentro de nada se cumplirá otro mes. Así que, si en unos días no responde a mis necesidades..., se acabó. Las satisfaré por otro lado, ¿quieres ayudarme?
No hubo respuesta. Se calló. Más tarde rompió el silencio.
—A hacerme algunos favores.
Tuve que leer varias veces la frase en la pantalla.
—A hacerme algunos favores.
Tuve que leer varias veces la frase en la pantalla.
—¿Me estás proponiendo acostarnos?
—Sí.
Ahora la que no decía nada era yo. No sabía ni siquiera como se atrevía a proponerme aquello. Una cosa era ser amigos, tener confianza y otra traicionar a su pareja y a la mía. Estaba sobrepasando los límites.
—Eso sería pasarse de la raya.
—No has dicho que no.
—Ni tampoco que sí.
—Ahí vas a tener razón.
De nuevo un silencio sepulcral se abrió entre nosotros. Fue como si de repente apareciera un muro delante nuestro.
—Venga, olvida lo que te he dicho.
—Olvidado queda.
—Oye lo de los favores...que quede entre nosotros, que luego se nos encelan nuestras parejas.
—Soy una tumba y mis labios están sellados.
—Con un besazo.
—Esto va subiendo de tono por momentos.
—Como el tiempo... Así que, que no nos pillen. ¿Quieres otro?
—Venga va, que sean dos, además son gratis.
—¿Más pícaro? ¿Atrevido?
—Al gusto del proveedor.
Otra vez volvíamos a estar de guasa o eso pensaba yo.
—Vale... Imagínate .. Me pongo por detrás tuya... Te abrazo y te empiezo a besar en el cuello... Mis manos no te digo donde se ponen salvo que preguntes... —dijo insinuante.
—Vale... Imagínate .. Me pongo por detrás tuya... Te abrazo y te empiezo a besar en el cuello... Mis manos no te digo donde se ponen salvo que preguntes... —dijo insinuante.
—Yo no digo nada y no seas malo, eso sería infidelidad virtual.
—Sí, un poco pero..., hemos dicho que esto es secreto.
—Mejor no avancemos más y dejemoslo en los besos.
—Como deseéis. Es un pequeño regalo secreto.
—Bonito regalo secreto. Ahora estoy roja como un tomate.
—Buen efecto.
—Es que para esas cosas soy muy vergonzosa, ya lo sabes. Además, ¿adónde íbamos a ir tu y yo?
Reflexionó durante un momento.
—Adonde quisiéramos Y eso que sólo han sido un par de besos que si llega a ser más...
—¡Qué pillo eres! Menos mal que te conozco que si no...
—Tu no has dicho que no, así que... ¿quién es la pilla entonces?
—A un amigo no se le niega un beso amistoso, sin ninguna maldad.
—Nadie ha dicho que hayamos hecho algo malo.
—Eso mismo digo yo.
—¿Te imaginas que me lo pides como regalo?
—¿Pedirte como regalo el qué?
—El beso de antes, tal y como te lo he descrito.
—¿Por qué iba a pedirte yo eso como regalo?
Como había dicho antes, la conversación iba tomando otro camino distinto al inicial.
—¡Quién sabe!
—No, sería muy feo por mi parte y yo no soy así.
—Tranquila, que no te pueda tu conciencia, es broma.
—Hablando en serio. Creo que yo nunca engañaría a mi pareja, en este caso a Miguel. Aunque nunca puedes decir de este agua no beberé, en el caso que alguna vez me llegara a gustar otra persona a un nivel muy alto, antes de que pasara nada, hablaría con mi pareja.
—A ver sobre eso..., lo de "nunca se puede decir...", estoy de acuerdo..., todos somos humanos y podemos cometer equivocaciones, hablo en general, pero está claro que en nuestro ser no está engañar a nuestras parejas..., tal como me conoces o te conozco..., aunque todos seamos un poco infieles de pensamiento, ¿y quien no? uno es humano...
—Todos miramos a otras personas que vemos por la calle, hombres y mujeres, amigos/amigas, que nos parecen atractivos y quien diga lo contrario miente pero, se queda en eso, en recrear la vista.
—A ver sobre eso..., lo de "nunca se puede decir...", estoy de acuerdo..., todos somos humanos y podemos cometer equivocaciones, hablo en general, pero está claro que en nuestro ser no está engañar a nuestras parejas..., tal como me conoces o te conozco..., aunque todos seamos un poco infieles de pensamiento, ¿y quien no? uno es humano...
—Todos miramos a otras personas que vemos por la calle, hombres y mujeres, amigos/amigas, que nos parecen atractivos y quien diga lo contrario miente pero, se queda en eso, en recrear la vista.
—A eso me refiero, es lo que nos hace humanos.
—¿Ves? Si al final vamos a tener más cosas en común de lo que pensamos.
—No somos tan raritos uno para el otro. Nos conocemos hace muchos años. Vamos, al menos espero que no me consideres rarito.
—No para nada. Sólo que nunca nos hemos puesto a hablar de estos temas y me pillas un poco descolocada.
—Pues ya era hora Cris. Hablar siempre de lo mismo cansa, sobre todo las mismas conversaciones sobre trabajo, leyes y demás que siempre tiene Miguel.
—Ahora se lo chivo, ale...
—Pues ya no te ajuntaré.
Volvíamos a nuestro modo cómplice.
—¡Vaya hombre!, ahora que habíamos empezado a intimar.
—Y eso que te has cortado que si no...
—Es que me has pillado de sorpresa, no sabía que te gustaba.
—No me tires de la lengua.
—Te tiro, te tiro, quiero saber.
Ahora era yo la que seguía sus bromas.
—No, que te me cortas...
—No me corto, palabra. Desembucha, ahora que puedes y estás en la intimidad virtual, luego cuando te vea, negaré lo que has dicho y no me pondré roja como las cerezas, bueno esta última cosa, no la prometo.
—¿Y te vas a soltar tu el pelo también y vas a decirme lo que quieras ahora?
—¿Lo que quiera de qué?
—De lo que pienses, lo que pase por esa cabecita.
—¿Pero de lo que piense de lo que me digas o de qué?
—Sí de lo que diga y de lo que tu cabeza empiece a bullir.
—Vale, lo prometo.
—¡Qué tentador! pero..., vaya jardín en el que no meteríamos, ¿no crees?
—No sé, tu mismo, tu has empezado, así que termina en lo que te embarcas.
—¿Llevas mallas ajustadas?
—Pero haber donde te quieres embarcar, nada de conversaciones lascivas, que te vas a poner malo.
—¿Más de lo que ya estoy?
Ambos sonreímos.
—A ver, siempre me has parecido reservada, y mucho, pero buena chica. Me caes bien y eso ya lo sabes hace mucho tiempo. ¿Qué pensabas?, ¿que iba a darte más que el beso?
Pasaron algunos minutos antes de que volviera a responderle.
—Yo que sé, las mallas ajustadas dan mucho juego.
—Yo que sé, las mallas ajustadas dan mucho juego.
—¿Tanto tiempo sólo para eso? No me has dicho nada a mí.
—¿A ti de qué?
—¡Vaya hombre! Eso quiere decir que no te gusto.
—Yo no he dicho eso. Además tú, como se suele decir, no te has mojado mucho, sólo has dicho lo de las mallas.
—Yo no he dicho eso. Además tú, como se suele decir, no te has mojado mucho, sólo has dicho lo de las mallas.
—Pero si me has dicho que a ver que te iba a decir... Además, más que tu que no me has dicho nada.
—Venga va, me mojo yo primero, aunque luego me muera de vergüenza cuando te vea pero, esto chiton, secreto entre tu y yo, que nos matan los respectivos.
—Sabes que sí... Todo secreto, que si no nos matan a los dos.
El pudor y la vergüenza los debí tirar por la ventana. Me lancé a la piscina y comencé a contarle lo que pensaba de él.

—En cuanto a el tema físico, me pareces un chico muy bien hecho, vamos que tus padres te hicieron muy bien. Eres fuerte, das seguridad a la persona que está a tu lado, cosa importante, al menos para mí, eres guapo y no estás nada mal. Ahora viene cuando me escondo debajo de la mesa y ya no te miro cuando te vea.
—No hace falta. Me toca... Tienes una bonita sonrisa y una boca sensual... Tu altura hace que luzcas físicamente fina hasta que se llega a tus caderas, donde se puede agarrar bien y buenas piernas... Eso ya te lo había dicho antes... Después de esto... nos liamos...
—Para eso tendríamos que estar solteros y no lo estamos.
—¡Anda!... No has dicho que no.
—Y tú tampoco has dicho que no..., eres el que lo ha sugerido, así que a pocas palabras buen entendedor.
—¡Qué mala!... Me dice que se lo he sugerido.
—No..., vaya... A ver, espera que repito tu mensaje: "Después de esto... nos liamos..."
—¡Coño!, con lo que nos hemos dicho... ¿no?
—Vale, venga, si me divorcio y te divorcias, nos liamos.
Ya estábamos de broma como siempre.
—Ahora no me cuentes intimidades con Miguel... que eso no me pone...
—Vale, no te cuento intimidades que si nos vamos a liar te me pones celoso.
—No, no celoso...es que Miguel no me gusta... tu sí, pero él como que no...
—Él no pega contigo, no creo que sea tu tipo.
—No. Te prefiero a ti, eso ya te lo puedo decir. Además seguro que lo paso mejor.
—Eso no lo dudes, yo soy más divertida que él.
—Y seguro que lo que podríamos hacer sería más interesante...
—Seguro. Hay que ver lo que da de sí un regalo secreto.
—Y sólo ha sido un besito...
Era media mañana, me había levantado muy pronto, así que decidí prepararme un café y tomar algo para almorzar.
—Ahora vengo, voy a tomarme algo que mi tripa ruge. ¿Quieres algo?
—¡Como no me lo envíes vía email!
—¡Qué gracioso que estás hoy!
—Oye... si me invitas a una taza de café, me paso por tu casa.
—Vente. Total voy a estar sola hasta la noche. Te invito a comer.
—Eso esta hecho. En media hora estoy allí.
Me fui a la cocina para preparar la cafetera. Álvaro y Lucía no vivían muy lejos, tardaría poco en llegar, justo el tiempo que me llevaría hacer el café.
Pasada la media hora justa, sonaba el timbre del telefonillo. Según estaba, después de llegar de la calle, me había puesto cómoda con un chandal, abrí la puerta y cinco minutos después Álvaro ya estaba sentado en el salón, acompañando a su café humeante y unas palmeras de chocolate que había sacado.
No tardamos mucho en continuar con la conversación que habíamos dejado a medias en el ordenador.
—Ahora que lo pienso... El día que me veas con falda o vestido o más ajustada vas a pensar: "Mírala, se lo he dicho y se ha puesto guapa para mí"
—A lo mejor me acerco a tu oído y te lo digo...
—Claro, para que me parta de risa y luego me pregunten.
—Te lo digo a solas.
—Ah bueno pero, nada de toser y hacer cosas raras que entonces no tendré donde esconderme.
—A lo mejor me lo pides...
—¿Te pido el qué?
—Un beso como el de antes.
—¡Quién sabe! Habrá que esperar a ver que pasa.
—Tu lo pides, yo te lo doy y...
—Y viene Miguel y Lucía y se acabó el momentazo porque ambos estarán con mirada asesina.
—¿Sería un momentazo?
—No sé, ¿tu que crees? Al final no puedo decir nada sin que le saques la puntilla.
—Para eso estamos, para sacar puntilla a todo.
—¡Qué picarón!
Dije mientras me levantaba e iba a la cocina con las tazas y los cubiertos que habíamos utilizado. Me puse a fregarlos.
—¡Qué picarón!
Dije mientras me levantaba e iba a la cocina con las tazas y los cubiertos que habíamos utilizado. Me puse a fregarlos.
—Y tu que me sigues y te gusta...
—Vale ya me callo.
—Noooooo.
—Que sí, que luego vendrá eso de: porque yo apreté y tu quisiste, que si tu eres la culpable, etc.
—Yo no te voy a echar la culpa de nada.
—Si es que tu me picas y yo que me vale poco para saltar y seguir el juego, pues normal que luego saquemos puntilla y nos piquemos.
—Así que... ¿te dejas besar?
—Depende de donde.
—Pruebo y me dices.
Álvaro se acercó a mí, se puso por detrás mía, me abrazó y me empezó a besar en el cuello... Puso sus manos sobre mis pechos y continuó con sus besos en mi cuello.

—Supongo que ambos pensamos lo mismo. Él quiere algo más que una "amistad" y ella me sigue el juego con lo que no le disgusta, ¿me equivoco?
—No, estoy seguro que no te equivocas... Ambos queremos saber más cosas picantes del otro.
—Estoy segura, nos mueve el morbo, el regalo de oídos, el que nos adulen, etc.
—El morbo mucho..., lo prohibido..., los deseos prohibidos..., que nos adulen, que nos den un momento de locura..., es así...
—Creo que todo esto que estamos haciendo tiene mucho peligro, te puede ayudar en ciertos momentos pero, en otros, puede destrozarte.
—Está claro, depende de con quien des y que sepas tener buen uso de tu cabeza.
—No sólo está tu cabeza, hay mucha gente, hombres y mujeres, que saben tejer tan bien sus redes que aunque seas muy listo puedes caer en la trampa.
No sabía muy bien si ambos estábamos hablando de lo mismo.
Estaba claro que íbamos a sobrepasar los límites de la amistad, ya no podíamos pararlo, ambos lo deseábamos.
Él me necesitaba sexualmente, ya me lo había confesado por Internet y sus juegos de estos días lo demostraban... Y yo..., yo no estaba pasando por mi mejor momento y sus palabras me habían llegado hondo, le deseaba.
—Cuando me he auto invitado, ¿has pensado y te has imaginado que esto podía pasar? Es una pregunta intima y secreta. Porque yo sí. Lo estaba deseando. Hace tiempo que te tengo ganas. Hace meses, quizás por mis circunstancias, por lo que tu me cuentas de tus discusiones con Miguel, te veía con otros ojos. Quería probar pero, no me atrevía a decirte nada.
—Eres muy malo.
—¿Eso me lo tomo como un sí?
—Me imaginé cualquier cosa.
—No sé si tirar más del hilo.
Me miraba con mirada lasciva. Yo a su vez estaba juguetona, insinuándome, llevando todo aquello más allá. Me había soltado la melena, no me importaba nada, me daba igual lo que pasara, estaba disfrutando del momento, de un buen momento. Yo también estaba necesitaba, también hacía tiempo que no gozaba, que no me hacían sentir mujer.
—¿Pero es que había una bobina?
—¿Puedo o no?
—Puedes tirar del hilo que quieras siempre y cuando no pienses mal de mí por lo que te responda. Ya sabes que el que juega puede quemarse.
—Eso también podría decirlo yo... Lo de que pensaras mal... Y no lo haces o ¿sí?
—No, no lo hago. Lo que quiero decir es que, no me voy a cortar porque tires del hilo, así que habla sin miedo. Creo que ambos perdimos los papeles hace un rato, cuando traspasaste esa puerta.
—¿Soy tu cómplice?
—¿Quieres serlo?
—¿Quieres ser mi amante?
—¿Quieres que lo sea?
—Si lo soy... nos diremos de todo, tanto cara a cara como por otros lados.
—Es un juego muy peligroso. Primero porque hay que tener la cabeza fría, segundo porque si alguna vez se llega a enterar alguien de esto...
—Acabaría con nuestras relaciones.
No podía creer que estuviéramos hablando de aquello y encima en serio, ni siquiera que ambos nos estuviéramos lanzando y plantearnos hacer algo así: ser amantes y mantener una vida paralela, a escondidas de todo el mundo, de nuestras parejas, de nuestros amigos, de nuestras familias...
—Todo tiene sus riesgos en esta vida —añadió él.
—Tu me picas, no sé para qué, ni por qué, ni con qué intención, si es simplemente por ver si te sigo el juego o por si quieres sacar algún otro tipo de conclusión o llegar a algo más.
—Me das miedo.
—Seguro que no. Más bien otras cosas.
—¿Qué otras cosas?
—Morbo, curiosidad...
—No lo sé, puede ser, supongo que lo mismo que yo a ti. ¿Eso sientes tú?, ¿morbo?, ¿curiosidad?
—Sí... Ya te digo que ha surgido así.
—Tú sabrás que hilo desenrrollas, ten en cuenta que lo que digas se me puede subir a la cabeza.
—O se te pueden bajar los calores.
—Primero habrá que subirlos.
—Eso no es difícil si te dejas.
—Veremos que se te ocurre y si me convences.
—Igual descubro todo lo que te gusta en el sexo.
—O te descubro yo a ti cosas que ni siquiera sabías que existían.
—¿Estás nerviosa?
—No, ¿por qué?, ¿tu sí?
—No, no, muy curioso quizás.
—La curiosidad mató al gato, tenlo en cuenta.
—Gatita, gatita..., como te coja.
CONTINUARÁ...


Uy, cuanto me recuerda a mi esto a una historia que acabo de vivir... (ya se sabe, la ficción muchas veces no es solo que la vida real "disfrazada" de fantasía).
ResponderEliminar¡No me digas Frank! ¿En serio? ¿Alguna conocida te propuso algo similar o fuiste tú? Perdona si me entrometo en tu vida privada pero, ya me picaste la curiosidad. Ya se sabe que muchas veces la realidad supera la fantasía ¿o era al revés? ya no sé.
Eliminar